Fe Inquebrantable

Fe inquebrantable

Hay temporadas en las que aquello que parecía firme comienza a moverse. Circunstancias inesperadas pueden poner a prueba nuestras relaciones, nuestros pensamientos, nuestras seguridades y también nuestra fe. Lo que creíamos tener bajo control deja de estarlo y aparecen preguntas, temores e incertidumbres que quizás nunca antes habíamos enfrentado.

Pero en medio de todo lo que puede ser sacudido, hay algo que Dios quiere producir en nosotros: una fe inconmovible.

La Palabra dice: “Eso significa que toda la creación será agitada y removida, para que sólo permanezcan las cosas inconmovibles” (Hebreos 12:27). La sacudida no tiene como propósito simplemente mostrarnos aquello que puede romperse. También puede revelar qué es verdaderamente sólido y permitir que todo lo excedente sea quitado para que permanezca lo verdadero y genuino.

Por eso, construir una fe inquebrantable no significa vivir sin dificultades. Significa aprender a permanecer firmes cuando las circunstancias cambian. Y esa fe no se construye solamente para nosotros. Una generación inconmovible es gestada en familias y congregaciones inconmovibles.

Cuando nuestra fe es puesta a prueba

Hay momentos en los que nuestra fe parece sencilla mientras todo funciona como esperamos. Pero cuando aparecen el temor, la pérdida, la enfermedad, la incertidumbre o situaciones que no podemos controlar, descubrimos cuáles son realmente nuestras convicciones.

En esos momentos podemos preguntarnos si Dios sigue siendo bueno, si continúa gobernando y si podemos confiar en Él.

La respuesta que encontramos es que Dios no deja de ser soberano cuando nuestras circunstancias cambian. Él sigue gobernando y manifestando su Reino inconmovible.

La sacudida, entonces, puede convertirse en una oportunidad. No necesariamente para entender cada circunstancia, sino para permitir que aquello que era movible sea quitado y que nuestra confianza vuelva a estar puesta en Dios.

Frente a lo que sucede tenemos una elección: podemos pensar que Dios dejó de ser bueno con nosotros y abandonar nuestra fe, o podemos reconocer este tiempo como una oportunidad para que Dios trabaje en nuestra vida y quite aquello que no estaba verdaderamente fundamentado en Él.

La pregunta no es solamente qué está sucediendo a nuestro alrededor. También es: ¿qué está revelando esta situación acerca de aquello en lo que realmente estoy confiando?

Una fe que no depende de que Dios haga lo que queremos

Uno de los mayores desafíos para construir una fe inquebrantable es comprender que el plan de Dios no existe para acomodarse al nuestro.

Muchas veces queremos un Dios que cumpla nuestros sueños, que supla todas nuestras necesidades y deseos y que esté al servicio de aquello que nosotros consideramos importante.

Pero la perspectiva cambia cuando entendemos que Dios tiene un plan eterno y que nuestra mayor honra y plenitud no está en conseguir que Él se adapte a nuestros planes, sino en alinearnos con el suyo y ser parte de lo que Él está haciendo.

Esto requiere conocer Su voluntad y aprender a confiar en Él aun cuando no comprendamos completamente lo que sucede.

Una fe inconmovible no significa que nunca tendremos preguntas. Significa que nuestras preguntas no tienen que llevarnos a abandonar aquello que sabemos de Dios.

Cuando todo se mueve, necesitamos volver a lo que permanece.

La fe inquebrantable se hereda

Construir una fe firme no es solamente una responsabilidad individual. También tiene una dimensión generacional.

La Escritura nos muestra el ejemplo de Timoteo:

“Me acuerdo de tu fe sincera, pues tú tienes la misma fe de la que primero estuvieron llenas tu abuela Loida y tu madre, Eunice, y sé que esa fe sigue firme en ti.”
2 Timoteo 1:5 NTV.

Hay algo poderoso en esta imagen: una fe puede ser vista, experimentada y transmitida.

Para que nuestros hijos puedan heredar una fe inquebrantable, primero tienen que verla en nosotros. El mayor motor de aprendizaje de un niño es aquello que experimenta. Podemos enseñarles muchas cosas con nuestras palabras, pero, en última instancia, aprenderán también de aquello que hacemos.

Una de las preguntas que necesitamos hacernos es: cuál es mi primera fuente de consulta cuando aparece un problema?

Cada acción revela nuestras prioridades. Y esas prioridades son las que las próximas generaciones aprenderán a valorar.

No alcanza con enseñar una fe que conocemos intelectualmente. Para que esa fe sea genuina, tiene que formar parte de nuestra propia vida.

Una fe que se puede ver

Existe una diferencia entre hablar de lo que creemos y vivir aquello que creemos.

Podemos enseñar una excelente clase desde lo que sabemos, pero la transformación ocurre cuando damos desde aquello que somos. Cuando nuestra vida confirma nuestras palabras, lo que enseñamos deja de ser solamente conocimiento y comienza a convertirse en una experiencia que puede ser sembrada en otros.

La fe inquebrantable necesita coherencia entre lo que creemos y lo que vivimos.

La Escritura lo expresa al hablar de una fe que actúa junto con las obras. Santiago enseña que la fe y las obras trabajan conjuntamente y que la fe llega a su plenitud a través de las obras (Santiago 2:20-22).

Nuestros hábitos son una expresión concreta de aquello que valoramos. Lo que consideramos importante determina dónde invertimos nuestro tiempo y, finalmente, cuáles son las prácticas que desarrollamos día tras día.

Necesitamos preguntarnos: mis hábitos reflejan mi fe? existe coherencia entre mis pensamientos, mis palabras y mi conducta?

No se trata de una pregunta para producir culpa, sino de permitir que Dios revele aquello que necesita ser transformado. La fe verdadera comienza a hacerse visible cuando aquello que creemos empieza a determinar nuestra manera de vivir.

Una generación que vive lo que cree

Hablar de una generación inconmovible implica mirar más allá del presente. Las futuras generaciones enfrentarán sus propias dificultades y necesitarán algo más que hábitos cristianos. No será suficiente simplemente orar antes de dormir o participar de actividades de la iglesia.

Necesitamos formar personas que tengan una fe verdadera, genuina, una fe no fingida.

La oscuridad puede aumentar, pero la luz de Cristo también puede manifestarse a través de una generación que decide vivir lo que cree. Por eso, el desafío no consiste en preparar a nuestros hijos para tener una vida sin dificultades, sino en ayudarlos a desarrollar una fe capaz de permanecer firme en medio de ellas.

Y esa tarea comienza con nosotros.

Para encender la fe de una generación, Dios necesita primero encender nuestra propia fe. Necesitamos estar llenos de Su visión y comprender que esta generación puede experimentar verdaderamente a Dios y vivir una fe inamovible.

Una generación inconmovible no aparece de manera espontánea. Es formada en familias y congregaciones que también han decidido permanecer firmes.

Volver a lo que permanece

Cuando atravesamos momentos de sacudida, puede ser fácil concentrarnos exclusivamente en aquello que está cambiando. Pero quizás estos tiempos también nos invitan a volver nuestra mirada hacia aquello que no cambia.

Por eso, una de las herramientas prácticas para construir una fe inquebrantable es identificar los valores que fundamentan nuestra fe.

Podemos escribir cuáles son esos valores, definir qué significan para nosotros y buscarlos en la Palabra. Podemos enriquecerlos con pasajes bíblicos y convertirlos en el sustento al que llevamos nuestros pensamientos cuando las circunstancias intentan movernos de aquello que Dios estableció como inconmovible.

No se trata simplemente de escribir una lista. Se trata de construir un fundamento.

Cuando sabemos qué creemos y por qué lo creemos, podemos regresar a ese fundamento cuando aparecen el temor, la incertidumbre o las circunstancias difíciles.

Dios sigue siendo inconmovible.

Y nuestra invitación es aprender a permanecer en Él, hasta que nuestra fe también pueda permanecer firme cuando todo lo demás sea sacudido.

Lo que permanece

Quizás nunca podamos controlar todo aquello que sucede a nuestro alrededor. Tampoco podemos evitar que existan temporadas de sacudida.

Pero sí podemos permitir que Dios use esos tiempos para formar en nosotros una fe más genuina. Una fe que no depende de que Dios haga exactamente lo que esperamos. Una fe que no se sostiene solamente en palabras.

Una fe que puede verse en nuestras decisiones, en nuestros hábitos y en nuestra manera de enfrentar las circunstancias. Una fe que puede ser reconocida por quienes vienen detrás de nosotros.

El desafío es volver a preguntarnos qué es lo verdaderamente importante, qué estamos creyendo y si nuestra manera de vivir refleja aquello que decimos creer.

Porque cuando todo lo movible es quitado, queda aquello que realmente estaba fundamentado.

Basado en el libro: “Construyendo familias inconmovibles” - Cintia Martinez

Escucha este episodio aquí: https://open.spotify.com/episode/4XmGFl1YtxpbnOVDjnjKQM?si=1RRYpzGpTdSVpIYzj1wJgw

Nuestra responsabilidad hacia afuera.

"Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin." Mateo 24:14 

Para que vuelva el Señor hay varios hechos que tiene que ocurrir, algunos son totalmente ajenos a nuestra competencia, por ejemplo, que el templo de Israel sea reedificado. Con respecto a estos eventos externos nada podemos hacer, pero hay algo que si es nuestra tarea. Cuando leemos “será predicado”, sería bueno hacerlo personal, porque de la manera en que está redactado da la idea de que alguien lo hará, pero no necesariamente tengo que ser yo. Eso hace que, si alguien lo hará, sean muy pocos los que se sienten identificados, entonces casi nadie lo toma para sí mismo. Podemos parafrasear este pasaje de manera de hacerlo más personal:

“Cuando nosotros hayamos predicado el evangelio hasta lo último de la tierra, entonces vendrá el fin.”

La Biblia Lenguaje Sencillo traduce ese versículo:

El fin del mundo llegará cuando las buenas noticias del reino de Dios sean anunciadas en toda la tierra, y todo el mundo las haya escuchado.

Esto nos lleva al mandato de “ir y predicar el evangelio”. Hay una relación directa entre la propagación del mensaje del evangelio y el retorno de Cristo. Muchas veces decimos y cantamos que anhelamos Su regreso, pero si realmente es así, el anuncio de las verdades eternas tendría que ser una urgencia en nosotros.

A través del tiempo el mensaje se ha desvirtuado y la “buena noticia” se ha limitado a que Dios sana, prospera y nos da cosas placenteras. Entonces parece que si la persona no está enferma o en pobreza no sabemos cómo predicarle.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Cuál es la buena noticia? ¿Por qué esa notica es relevante para todos? Una de las cosas que nos frenan para compartir el evangelio es la falta de entendimiento del alcance tremendo de esa buena noticia. Es una notica que tiene varias aristas, varios lugares desde observarla y que la hace totalmente maravillosa.

La podemos mirar desde Su Obra:

Cada una de las cosas que hemos mencionado son parte de la buena noticia, ¿te das cuenta que hay muchísimo para compartir, que el evangelio no se trata solamente de que Dios sane alguna dolencia o provea momentáneamente, sino que es mucho más grande?

Lo podemos mirar desde Su Persona:

Anhelamos que el Señor vuelva, que instaure su reino de Justicia, que se muestre, conocerle cara a cara, soñamos con ello. Pero no sucederá hasta que el evangelio sea predicado a todas las naciones. Y esa es nuestra responsabilidad y privilegio, ¿lo aceptas?

La distracción de frenar la maldad

"y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará."
Mateo 24:12 

Veamos cómo lo traducen otras versiones:

Vemos que no se trata de algo que posiblemente pase, sino de una certeza total, la maldad aumentará. Y no es algo que podamos detener. Este aumento es algo necesario para que se ponga de manifiesto la miseria humana y el hombre llegue definitivamente a decir: “ ¡Te necesitamos, Señor! ¡VEN!”

A veces, los cristianos, con buenas intenciones, tratamos de frenar la maldad. Pero cuando vemos el panorama profético es como poner el dedo en la grieta de una represa a punto de romperse, tratando de frenar esa ruptura. Los sistemas van a colapsar, está profetizado, las bases morales se derrumbarán; el orgullo del hombre lo llevará tan lejos de Dios que solo podrá reconocer su error cuando se dé cuenta de que está perdido.

Volvamos a la imagen de la represa agrietada. Tenemos delante este desastre inminente, vemos que se va abriendo cada vez más y en cualquier momento puede colapsar. Al levantar la vista vemos, a lo lejos, un pueblo que está en el camino que tomará el agua y que será arrasado con violencia. ¿Qué es lo que debemos hacer? ¿Poner un dedo en la grita tratando de frenarla o correr a advertir al pueblo para que huya y se salve?

No estamos diciendo que hay que comulgar con la maldad, pero advertir "a los del pueblo” que la grieta se está abriendo, ya es hacer algo productivo. Este es el tiempo de advertir que viene ese movimiento masivo de maldad y que el único refugio es el Señor.

A veces gastamos más energía en tratar de frenar la maldad que en predicar el Evangelio de salvación. No son las leyes externas las que harán la diferencia, ya tenemos legislación sobre el asesinato, sin embargo, se sigue asesinando; tenemos legislación sobre el robo, sin embrago se sigue robando; tenemos leyes que protegen a los niños, sin embargo, sigue habiendo niños abandonados, desprotegidos, abusados. Porque las leyes externas no hacen la diferencia en el corazón del hombre. La única ley que nos transforma desde adentro hacia afuera es la ley de Cristo:

"Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel.
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en la mente de ellos,
Y sobre su corazón las escribiré;
Y seré a ellos por Dios,
Y ellos me serán a mí por pueblo."
Hebreos 8:10 

No es tiempo de arrancar cizaña o señalar a los cabritos, sino de hacer crecer el trigo, de pastorear, discipular, enseñar la Palabra de verdad y sobre todo, predicar el Evangelio.

¡No nos distraigamos!

Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro!
Isaías. 40:9 

¿Por qué preferir las versiones textuales?

Quiero dejarles un ejemplo claro de por qué les digo que es mejor leer versiones textuales y luego, si es necesario para comprender mejor, ir a otras versiones.

Isaías 53:8 nos da un ejemplo claro, en la VRVR60 cita:

Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Isaías 53:8  

Isaías escribió esto unos seis cientos años antes de la primera venida, estaba describiendo al Mesías. Este pasaje profetiza que Jesús moriría antes de dejar descendencia. Miremos otro pasaje para que esto sea claro:

Estas son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a quienes nacieron hijos después del diluvio. Génesis 10:1  

Las generaciones de Noé comienzan con sus hijos. Jesús murió sin generaciones, no se pueden contar.

Sin embargo, miren lo que dicen algunas otras traducciones no textuales:

»Cuando lo arrestaron, no lo trataron con justicia. Nadie lo defendió ni se preocupó por él; y al final, por culpa de nuestros pecados, le quitaron la vida. (BLS) 

Sin arresto, sin proceso, lo quitaron de en medio, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. (BNP) 

Se lo llevaron injustamente y no hubo quien lo defendiera; nadie se preocupó de su destino. Le arrancaron de esta tierra,[h] le dieron muerte por los pecados de mi pueblo. (DHH) 

Quizás no parezca gran cosa pero este es solo un ejemplo que afecta a una sola profecía, pero,   ¿si hay este tipo de discrepancias en algún pasaje que nos señale el fin de los tiempos y no lo vemos por no ajustarnos a lo textual? Incluso hay otras versiones de paráfrasis o de  equivalencia dinámica que dan una correcta traducción de ESTE versículo, pero no quiere decir que todos sean traducidos con la misma precisión.

Insisto, prefieran versiones textuales, solo si no llegan a comprender lo que leen recurran a otras versiones, pero siempre teniendo en cuenta lo textual.

Para mayor ejemplo, cito otras versiones textuales:

Con violencia, mediante juicio, fue quitado, Y de su generación, ¿quién consideró que fue cortado de la tierra de los vivientes y llagado por la trasgresión de mi pueblo? (BTX2) 

Por opresión y juicio fue quitado; y en cuanto a su generación, ¿quién tuvo en cuenta que El fuera cortado de la tierra de los vivientes por la transgresión de mi pueblo, a quien correspondía la herida? (LBLA) 

He was taken from prison and from judgment: and who shall declare his generation? for he was cut off out of the land of the living: for the transgression of my people was he stricken. (KJV) 

Por juízo opressor foi arrebatado, e de sua linhagem, quem dela cogitou? Porquanto foi cortado da terra dos viventes; por causa da transgressão do meu povo, foi ele ferido. (ARA)

Algo curioso: El eunuco etíope iba leyendo este pasaje, el cual Felipe le explica, ¿te acordás? Bueno fíjate cómo traducen ese texto las mismas versiones que antes te dije que no hablan de la descendencia de Jesús.

En ese momento el oficial leía el pasaje que dice: «Fue llevado al matadero, como se lleva a las ovejas para cortarles la lana. Como si fuera un cordero, él ni siquiera abrió su boca. Fue maltratado y humillado, pero nunca se quejó. »No lo trataron con justicia; no llegó a tener hijos porque le quitaron la vida.» Hechos 8:32-33 BLS  

Lo humillaron negándole la justicia; ¿quién podrá hablar de su descendencia ya que su vida es arrancada de la tierra? Hechos 8:33 BNP

Fue humillado y no se le hizo justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra.” Hechos 8:33  

Estas versiones citan en el Nuevo Testamento algo que no dicen en el Antiguo. Para un estudiante ser, es confuso, por lo menos.